jueves, 30 de abril de 2015

PASO A NIVEL EN LA AVENIDA PRIMADO REIG.

1995 Paso a nivel en la avenida Primado Reig.Esteban Gonzalo Foto de Esteban Gonzalo Rogel

En la instantánea tomada el 30 de abril de 1995 desde el balcón de un tercer piso de unos amables vecinos se aprecia la poca circulación de vehículos y peatones de un domingo por la mañana en la avenida Primado Reig de Valencia.

Era el paso a nivel principal del tramo de 2,5 km. entre la estación Pont de Fusta y el apeadero de Palmaret del Ferrocarril hacia Rafelbunyol que cinco días después fue sustituido por el trazado soterrado de 3,1 km. hasta la estación Alameda sobre la que, desde entonces, vuela arqueadamente un puente de acero de alta resistencia. La estación y el puente fueron diseñados por el arquitecto e ingeniero valenciano Santiago Calatrava y se convirtieron en símbolos urbanos de la Valencia, aunque el puente con división de opiniones entre admiradores y detractores, éstos por su impacto visual con los puentes antiguos del Mar y del Real.

El tren es una “Alcoyana”, unidad eléctrica fabricada en Macosa en los años cincuenta para el Ferrocarril de Valencia-Jesús a Villanueva de Castellón que fue remodelada en 1989 en la desaparecida factoría Miró Reig de Alcoy para mejorar los servicios en el citado ferrocarril entre Valencia y Rafelbunyol hasta que lo modernizaran.

Aunque los medios de comunicación resaltaron que con la supresión del tramo de 2,5 km. entre la estación Pont de Fusta y el apeadero de Palmaret desapareció el último reducto del llamado cinturón de hierro que constreñía Valencia, lo fue realmente cuando fue inaugurado y abierto a la circulación el trazado soterrado de la línea 2 de Metrovalencia por la pedanía de Benimamet el 15 de mayo de 2011, que permitió suprimir el trazado en superficie con los tres últimos pasos a nivel del término municipal de Valencia.

Texto y foto Esteban Gonzalo Rogel

miércoles, 29 de abril de 2015

EL PUENTE DEL MAR

puente del Mar y murallas. Foto Joulia. Ca. 1860
Ca 1860 - Archivo de Rafael Solaz 

Puente del Mar cargado al igual que con las piedras con la historia. De su funcionalidad y destino nos lo certifica su nombre por ser el punto más próximo que desde la salida de la ciudad amurallada, sorteando el llano del Remedio y a su través, era el trayecto obligado para la comunicación con los poblados marítimos.  

Puente que anteriormente había sido de madera, se construyó en 1596. Para su ornato dispone de dos casilicios que albergan en la actualidad las estatuas en piedra de la Virgen de los Desamparados y de San Pascual Bailón, ubicadas después de la guerra civil para reemplazar las anteriores figuras que habían sido destruidas. La de la Geperudeta, obra de Vicente Navarro y la del fraile franciscano de las manos de José Ortells, fueron colocadas entre diciembre de 1945 y febrero de 1946.

Desde su inicio existía el casilicio de "la Santa Cruz" y en 1677 se colocó otro enfrente con la imagen de San Pascual Bailón, fraile franciscano, sufragada por la Fábrica Nova del Riu, que sin tener noticias de su autoría,  fue restaurada en 1782 por el escultor Francisco Sanchis.

Sobre el casilicio de la Santa Cruz, existían las imágenes de San Vicente Ferrer, San Vicente Mártir y San Juan Bautista, que destruidas en 1709 por una tormenta,  en 1720 se acordó colocar la imagen de la Virgen de los Desamparados, realizada por Francisco Vergara el Mayor, donde estuvo situada tambien sobre el casilicio hasta 1776 cuando una riada la derribó.

Reconstruido el puente en 1781, al año siguiente se colocó una nueva imagen de la Virgen de los Desamparados, obra de Francisco Sanchis, ya bajo el casilicio, donde estuvo hasta la guerra civil. 

23 puente del mar 1975 1975 – Archivo de Rafael Solaz

En 1876 pasaron los primeros tranvías de fuerza en su línea hacia Villanueva del Grao y Pueblo Nuevo del Mar que en 1900 serían sustituidos por los eléctricos. De inmediato apareció la motorización que junto a los carros invadirían la calzada en perjuicio de los peatones hasta que en 1933 y en beneficio del propio puente (toda vez que luciría en su diseño pináculos de piedra en ambos lados dotados de espectaculares escalonadas según proyecto de Goerlich), quedaría para uso exclusivo de los viandantes.

Calle, puerta, puente, camino, y con el mismo nombre, han visto pasar en su traqueteo y a ritmo lento al mismo carro y en repetidas ocasiones, trasladando su servicio hacia el mar desde el centro de la ciudad. 

martes, 28 de abril de 2015

VALENCIA EN MANTO DE NIEVE

1960 valencia en manto de nieve
Colección Alberto Alós

El año de 1960 había comenzado con un clima primaveral en medio de una campaña que iniciada en Navidad, culminaría con la de Reyes con gran participación ciudadana. Sin embargo, pocos días después, un insospechado bajón de temperatura en la ciudad hizo que el día 11 iniciara su jornada con una intensa nevada que iba a cubrir mediante un insólito manto las calles de la ciudad. Al mediodía alcanzó su máxima intensidad y el baile de los copos de nieve iba a regalar a los valencianos la ocasión del disfrute, tanto en cuanto la construcción de muñecos de nieve era hasta ese momento una práctica que por su inexistencia convertiría y por unas horas al día como festivo.

Valencia quedó incomunicada por unas jornadas, con daños en los servicios más básicos; los teatros cerraron sus puertas aquel dia y las “casas de socorro” tuvieron que atender a numerosos heridos por las caídas sufridas. Una ciudad que por la bondad de su clima, el cuajo de la nieve en sus calles resultaba desconocido y por ello un peligro ignorado, dando paso al deleite de la nieve que ofrecían aceras, calzadas, jardines y estanques.

En las tres fuentes de la tortada de Goerlich se helaron las aguas y los tranvías descarrilaban de sus vías por la que circulaban con cierta dificultad.
1960 nevada
           Colección Alberto Alós

Ha pasado más de medio siglo y no ha vuelto a repetirse una nevada tan intensa en el “cap i casal” y su recuerdo y en especial para quienes la conocimos, se convierte en una anécdota singular que se enmarca desde entonces como “acontecimiento extraordinario”.

La foto nos sitúa en las calle Periodista Azzati, entonces Falangista Esteve, y Padilla, en aquel singular día de Enero, cuando la nieve cubre aceras y coches con un sorprendente espesor.

Fuente: Almanaque Las Provincias

lunes, 27 de abril de 2015

VALENCIA, CIUDAD DE IMPRENTAS

1955 La imprenta valenciana Antigua imprenta. Felicitacioìn Libreriìa Bello. Ca. 1955
Archivo de Rafael Solaz

1955 – A Valencia, y por derecho propio, se debe considerar como una “ciudad de imprentas”. Se lo merece, toda vez que allá por el 1474, próximo al Portal de la Valldigna, uno de los muchos lugares emblemáticos de la ciudad, se imprimió la primera obra literaria de España: “Les trobes en lahors de la Verge María”. Del taller de Jacobo Vizlant, comerciante alemán instalado en Valencia,  y entre otras obras salió la Biblia de Bonifaci Ferrer en Lengua Valenciana.

Valencia reunía para ello todos los requisitos. En lo fundamental, ser meritorio y único foco cultural de la época, a lo que se  unía la calidad del papel de Játiva y a la sazón ser la ciudad más importante de la Corona de Aragón. A la citada imprenta, en la que los impresores  Alfonso Fernández de Córdoba y Lambert Palmart prestaban sus servicios, se sumarían otros impresores que en su conjunto iban a otorgar al “cap i casal” tan merecida consideración, siendo la ciudad española con mayor número de impresores. En el siglo XVI llegó a Valencia el flamenco Juan Felipe Mey, que con sus descendientes iban a aumentar la fama de la ciudad con la impresión en el XVII de dos ediciones del Quixote cervantino, entre otras grandes obras.

Manuel Cavero y Juan Antonio Mallen destacaron en el XVIII, al igual que la familia de los Bordázar y Antonia Gómez, viuda de José Orga, junto a sus hijos.  Los Monfort, Bordázar, Joaquín Ibarra o Sancha y con su continuidad en el XIX, mantuvieron en lo alto la fama impresora de Valencia.

El grabado que nos reúne corresponde a una tarjeta felicitación de la Librería Bello de 1955.

Fuente: María Pilar Cavero - Tesis Doctoral

domingo, 26 de abril de 2015

ENCUENTROS CON EL MAR

 1917 malvarrosa___
Colección Salvador Monmeneu

1918 – Tras la construcción de la dársena del puerto con su dique al faro, la playa de Levante fue ganando terreno al  mar y sus arenales se extendieron a través del Canyamelar, Cabanyal, Cap de França , hasta llegar a la Malvarrosa, donde Robillard perfumaba la arena mezclada con el salitre. 

El rústico juego del diábolo y en este caso en la proximidad de la playa de la Malvarrosa y con su dominio, distrae al resto de la familia que busca el encuentro con las olas, vestida de domingo, en un placentero día aún no dispuesto para el baño que llegará en su momento. Mientras el niño mantiene su mirada quizás tras las gaviotas, o atentos sus ojos a un velero que abre las aguas.

1917 malvarrosa
Colección Salvador Monmeneu

Y hasta allí se trasladaba la familia valenciana que disfrutaba con su mirada, que no perdida pero si extendida, hasta alcanzar una línea donde cielo y agua se unían en su destino inescrutable. Ello abría la imaginación a lo infinito donde cualquier sueño lo hacía posible.

El balneario Termas Victoria acababa de inaugurarse en competencia con Las Arenas y las barracas del Cabanyal ya habían dado paso a construcciones de planta baja y primer piso donde la burguesía valenciana disfrutaría en sus meses del estío.

sábado, 25 de abril de 2015

LA PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN, POSTAL COSTUMBRISTA


1900 plaza de la constitucion
Fuente – Biblioteca Valenciana

Con el cambio del siglo la actual plaza de la Virgen, que se enfrentaba al entonces Palacio de la Audiencia, en el nomenclátor era conocida desde 1875 como de la Constitución, aunque popularmente ya se le mencionara desde la construcción de su Basílica en 1667 como de la Virgen o  de la Mare de Deu.

Como centro judicial y religioso de la ciudad era muy concurrida,  manteniendo con el paso de los años semejante vitalidad.

La postal hacia 1900 nos muestra un tranvía de fuerza que saca provecho de la publicidad, atenta ésta a la mejor tribuna para pasear su mensaje por las calles de la ciudad.

Un carro, como un puesto de venta bajo su toldillo, ofrecen su mercancía a los caminantes quienes nos muestran la indumentaria propia de la época, con especial atención a las largas faldas que se arrastran por el suelo. 

La foto muestra el Palacio de la Audiencia pero al mismo tiempo nos documenta en su conjunto del costumbrismo imperante, con los toldos protectores de un establecimiento en lugar privilegiado que dan mayor vida a la postal en tan emblemático lugar.

viernes, 24 de abril de 2015

SOR ISABEL DE VILLENA – LA VALENCIA LITERARIA

1960 sor isabel de villena_parte alta_RSA Archivo de Rafael Solaz

1960 – Parte alta Convento de la Trinidad

Este año celebramos el 525 aniversario del fallecimiento de Sor Isabel de Villena (Valencia 1430 – 1490), considerada la primera escritora conocida en la literatura valenciana.

Isabel, hija natural del poeta Enric de Villena, fue bautizada con el nombre de Eleonor y vivió desde pequeña en la corte de María de Castilla, esposa de Alfons V el Magnànim.

En 1445 profesó en el convento de la Santísima Trinidad de las clarisas de Valencia donde sería nombrada abadesa en 1463. Allí escribió, en lengua valenciana, su obra, sobre la vida de Jesucristo, Vita Christi, llena de citas de clásicos. Su obra, publicada por primera vez en 1497, es una de las piezas más importantes de la literatura en valenciano y universal del siglo XV, dentro de lo que se denomina El Siglo de Oro Valenciano.

Isabel de Villena esta considerada como una mujer adelantada a su tiempo precursora de las ideas feministas, ya que en su texto hace gran defensa de la figura de la mujer frente a las obras tildadas de misóginas como es el caso del Espill o Llibre de les dones, de Jaume Roig.

En la fachada del monasterio de la Santísima Trinidad, hasta hace pocos años habitado por monjas clarisas, situado en la margen izquierda del Turia en la ciudad de Valencia, podemos ver una placa, el clásico 'Socarrat' valenciano, en homenaje a Sor Isabel de Villena.

Texto de Mauro Guillen

jueves, 23 de abril de 2015

DÍA DEL LIBRO


1851 DIA DEL LIBRO
Archivo de Rafael Solaz

Recuerdo aquella librería desconcertada por el papel y los títulos. Allí estaba, ante mí el libro que cantaba sueños de cordón umbilical. No me interesaban sus tapas de colores como flores, ni sus dibujos grabados con manchas de satén. No me importó el volumen de mil hojas sin número. Ni el mágico aroma envejecido por la corteza de un árbol. Ni siquiera creo recordar que me atrajese el tema.

Aquellas páginas cosidas me atraparon porque sentí que encerraban el alma de una autora, la que no recuerdo. Cada vez que leía su nombre se borraba ante mis ojos, se diluía entre palabras vestidas de imprenta y luto, aquellas que una vez salieron para ser compartidas, tal vez con el propio universo.

Hoy he intentado sin éxito mirar la Luna. Quizá me pregunto si estaba tapada por un millón de muñecas que sobrevuelan mis sueños repletos de letras y grabados. Intentaba buscar otros paraísos escritos, de llegar al corazón negro que enciende las letras con música de papel. Pero siempre vuelvo, sin éxito, a buscar la imagen de aquel libro que una vez creí leer a ritmo de noche y mar. Recordar a aquella autora cosida entre las hojas de un alma disuelta por letras de humo. Aquel libro que aún hoy me pregunto si llegó a existir, pero que siempre busco en mis sueños de piel.

Día del libro, de aquel libro de noche sin luna, de sueño inacabado, de niña en el sepulcro del recuerdo, de todos los libros.

Texto y foto de Rafael Solaz

miércoles, 22 de abril de 2015

EL SANATORIO MARÍTIMO DE LA MALVARROSA

1921 hospital de la malvarrosa
1921 - Colección Salva Monmeneu

En 1914 se inauguró el primer núcleo del actual Hospital de la Malvarrosa: fueron cuatro camas para el tratamiento de enfermos de tuberculosis en una chalet cercano a la playa bajo la responsabilidad del médico Mariano Pérez Feliu.

En el junio de aquel mismo año el secretario de la Junta Provincial contra la Tuberculosis encargaba al arquitecto Vicente Rodríguez Martin la construcción de un sanatorio marítimo,sobre terrenos cedidos por el Ministerio de Fomento en la playa de la Malvarrosa. Éste había realizado el pabellón de Bellas Artes y el Gran Casino de la Exposición Regional Valenciana de 1909, además del Edificio Olympia.El área elegida era la misma donde había naufragado el plan de una amplia urbanización bajo proyecto de Francisco Mora Berenguer, el artífice del Mercado de Colón.

Diez años más tarde, la actividad del sanatorio empezaba tras la estancia de una Colonia escolar de niños y niñas de Zaragoza. Era enero de 1925 y se recuerda la primera visita de los Reyes Magos a los 22 pequeños pacientes, recibidos con todos los honores por el director Don José Tomas López Trigo y el administrador Don Juan Heredia.La institución fue desde el principio un referente, y en febrero 1925 el Director General de Sanidad en un discurso oficial alababa la calidad del servicio y prometía mejoras en la estructura.

En 1931Mariano Pérez Feliu fue nombrado a su vez director del Complejo Sanatorio Marítimo, que contaba con 120 camas para pacientes hospitalizados y 124 en el edificio de la colonia. El actual Hospital correspondía al edificio principal, al cual se sumaba la “casa del médico”, actualmente el área dedicada a la administración.

Don Álvaro López Fernández, director del centro en 1932, impulsó el avance de los servicios prestados con la cura de patologías óseas,la poliomielitis,complementando el tratamiento de la tuberculosis. Durante la Guerra Civil el doctor sirvió en la Columna de Hierro, cuerpo de voluntarios de matriz anarquista, encargándose su esposa de la dirección del centro. Tras la contienda, el hospital se enfrentó a la dura realidad de la escasez de medios, pero gracias a la dedicación del personal médico, los auxiliares sanitarios y de las religiosas que servían, se fue afirmando como una de las instituciones más respetadas de la Comunidad. Hubo gestos de generosidad por parte de los encargados en los momentos más dramáticos y se encontraron soluciones para recaudar fondos, como la organización de una lotería que se sorteaba hasta 1960.

Como se ha recordado en las recientes celebraciones del noventa aniversario, cada año el Athletic de Bilbao en sus derbis valencianos visitaba la institución, igual hacia la Fallera Mayor: la finalidad era llamar la atención sobre esta institución modélica, que sigue ejerciendo su labor por garantizar asistencia sanitaria de calidad en la Comunidad Valenciana.

En la actualidad el Hospital de la Malvarrosa es parte del Sistema Sanitario de la Generalitat Valenciana, se ha ido reformando e especializando en cirugía sin ingreso del paciente, siendo un referenciado modelo de eficiencia.

Texto de Duccio Sanesi

martes, 21 de abril de 2015

EL PALACIO DE RIPALDA

1944 palacio ripalda
Archivo de Rafael Solaz

1944 – El lugar merecía la pena y sentado en la "Fuente de las Cuatro Estaciones” nuestro hombre le dijo al fotógrafo que recreara el instante. La mañana solariega invitaba a ello y el Palacio de Ripalda era el fondo adecuado sito al comienzo de la Alameda. Su cerco almenado protegía el interior de un frondoso jardín, donde la inmensa arboleda daba mayor suntuosidad a la propiedad de Doña María Josefa Paulín y de la Peña.

Habían pasado apenas unos pocos años del fin de la guerra civil.  La estancia palaciega había sido objeto de ocupación, y con el paso de los años el "palacio de cuentos de hadas" iba a entrar en un proceso de degradación tal, que le llevaría al fin de sus días.

Construido entre 1889 y 1891 por el arquitecto Joaquín Arnau junto al Huerto de Monforte, cercano al del Santísimo e inicio del Camino de la Soledad, ante la Alameda, el Palacio de Ripalda creó en la zona un halo de ensueño, y su fascinación se ha instalado en la postal de recuerdos sumido con el magnetismo de leyendas urbanas tras su derribo en 1967.
  

lunes, 20 de abril de 2015

EL CADAFAL DE MARCHALENES

plaza de toros del llano de la Zaidia
Archivo Juan B. Viñals

La plaza de toros que se instalaba en el siglo XVIII en el típico arrabal de Marchalenes es un hecho posiblemente ignorado por muchos de los actuales vecinos de esta antaño típica barriada. Es digno de resaltar que desde siempre los valencianos han sentido una gran afición por la fiesta de los toros.

La plaza de toros del Pla de la Zaïdia o de Marchalenes según el historiador Orellana, por los años mil setecientos y pico fue el núcleo principal de las corridas de toros que se celebraban en la ciudad de Valencia.

Salvador Carreres, de manera jocosa también nos dejó escrito, que entre los días 22 hasta el 30 de de septiembre de 1755 se celebraron en este Cadafal (Plaza de Toros de Madera) diferentes festejos taurinos.

Donde de verdad más beneficios reportaba a los organizadores de los festejos taurinos era sin lugar a dudas era en el Mercado Central, pero las autoridades Municipales celosos de sus funciones en ocasiones eran reacios en conceder los permisos por las incomodidades que producían tanto a los vendedores, transeúntes y compradores del mercado. Por lo tanto los organizadores se vieron obligados ha instalar “els cadafals” en diferentes lugares de nuestra ciudad y es por eso que en algunas ocasiones las corrida de toros y festejos se trasladaron al barrio de Marchalenes y más concretamente en el conocido Pla de la Zaïdia, cuyo palco principal o de autoridades se encontraba frente la desaparecida Creu del camí de Marchalenes, que luego fue trasladada al camino de Paterna hasta el día de hoy.

1901 Cadafal de marchalenes_ coso calle jativ 1901_Album Barbera Masip_047 (1) 
1901 – Coso de la calle Játiva – V. Barberá Masip
Archivo de Rafael Solaz

En definitiva muchas son las dificultades y trasiegos tuvieron que soportar la Junta del Hospital General de Valencia, hasta que se consiguió ver realizada por fin, la flamante y actual plaza de la calle de Játiva.

”El origen de la fiesta de los toros en Valencia se pierde en la oscura noche de los tiempos. Las más autorizadas opiniones sostienen que los romanos importaron a España la afición al circo, la cual decayó casi por completo durante la dominación de los godos y visigodos, hasta que, ocupado posteriormente por los árabes el territorio español, volvió a renacer, si bien sustituyendo a la lucha de gladiadores y de fieras por la lidia de toros, en la que ostentaban su pujanza y brío los más esforzados adalides de las distintas tribus sarracenas. La nobleza española, que bajo todos los conceptos sostenía una rivalidad sin limites con la musulmana, tomó una parte muy activa en tales diversiones, no solo impulsando por el espíritu y la galantería dominante en aquella época, sino también que nadie cedía en serenidad, esfuerzo y valor. Muchos fueron por este motivo los caballeros cristianos que se distinguieron en la lidia de los toros y adquirieron gran celebridad y renombre, por su singular destreza y bizarría. Valencia que nunca ha podido contar con pastos para la cría de reses de tales condiciones, es acaso de los pueblos más antiguos en donde se ha ejercido la tauromaquia como ley caballeresca, o como fiesta popular. Mucho interés despertó la afición a la fiesta de los toros, así como apetencia de ganancias en la organización de los primitivos corros, pues el 27 de de enero de 1612, ya se solicitó a Felipe III, un privilegio del derecho de renta de los corros de los toros de la municipalidad de Valencia, celosa por sus intereses y también por la comodidad del publico, hizo siempre cuanto pudo para alejar del mercado esta diversión. El Hospital fue atendido por SM y, en Real Cédula de trece de julio de 1742, se revocó la del quince de julio de 1741, que mandaba hacer corridas en la Plaza de Santo Domingo. Esto no bastó para que el ayuntamiento cejara en sus instancias, en términos que en los intervalos e indecisiones tuvo el Hospital que buscar sitio en el Pla de la Zaïdia de Marchalenes”

Recordar que en otros lugares de la ciudad también se celebraron corridas de toros, pero por lo que a nosotros nos ataña, nos referirnos al importante cadafal del Pla de la Çaidia.

“La plaza del Llano de la Zaidia, siempre fue cuadrada; pero su situación varió según los cálculos y gusto de los maestros carpinteros, que tomaban por su cuenta la construcción de los tinglados (cadafals). Unas veces se hizo teniendo a su lado N. paralelo a la acequia de Algirós que pasa lamiendo el Monasterio de la Zaidia, apoyando el vértice N.O., sobre el puente antiguo frente la cruz que todavía existe. Otras se ladeaba toda ella de modo que este lado paralelo comenzando desde el mismo punto frente la cruz, tomaba la dirección oblicua al molino Villacampa, y en este caso cortaba la acequia, sobre la cual se construía la plaza. Generalmente, cada uno de los cuatro lados de esta plaza tenia doscientos veinte palmos valencianos; había tres puertas, una daba frente a Santa Mónica, a cuyo lado N. estaba el toril, otra frente al pretil del río y otra en el camino de Marchalenes, encima de la cual estaban los palcos de las autoridades”.

En el siglo dieciochesco, una tarde de toros o de cualquier otro festejo taurino de los que se celebraban en el cadafal de Marchalenes, suponía un espectáculo multicolor y toda una diversión para la época. El trasiego de los entablados y de la piezas para construir el Cadafal; el ir y venir dels mestres fusters (carpinteros) para dejarlo todo a punto y en su punto.

Antes de la hora programada la plaza quedaba engalanada en cada uno de sus rincones y cada empleado hacia lo propio para el posible y normal desarrollo del festejo (areneros, alguacilillos, torileros, porteros, etc.…).Primero el espectáculo de la arriesgada desencajonada de las reses bravas. Las colas para adquirir las entradas. El emerger de las gentes tanto de la ciudad como de la huerta formaban remolinos humanos entusiasmados por ver la llegada de los toreros, sus cuadrillas y los mozos de espadas; carruajes y calesas, portando a las guapas cupletistas de los más importantes teatros de la ciudad, quienes aparecían luciendo bonitos mantones de Manila, mantones, que después eran extendidos en sus barreras.

Mientras tanto la laureada Agrupación de la Música de La Vega, no cesaba de interpretar airosos pasodobles. Todo en sí, era festivo, por lo que los más curiosos no cesaban de ir de un sitio para otro, para no perderse nada de lo que por allí ocurría. La mayoría de la marejada de espectadores se trataba de huertanos venidos de los poblados limítrofes quienes aparecían ataviados con la clásica brusa negra del -diumenge i díes de festa- los labradores y los Gremios que aportaban más aficionados y que presumían conocer los secretos de la fiesta, eran tratants i corredors d`orella, carnissers y blanquers (curtidores). La mayoría de esos espectadores iban provistos de ostentosos puros habanos.

La fiesta la componían además de los empleados del Cadafal, la misma avalancha de espectadores provenientes de la ciudad y de los pueblos, además se congregaba toda una grey de vendedores y aiguders, portando el preciado líquido con botijos de arcilla, no faltaban tampoco los horchateros. Alrededor de la plaza como si de un mercadillo medieval se tratara se colocaban tenderetes con todo un sinfín de las más variadas chucherías, toda esa diversidad de vendedores con potente vocerío pregonaban las bondades de la mercancía, lo que impregnaba al ambiente, un bullicioso sabor festivo alrededor de la plaza de toros del Pla de la Zaïdia en aquel populoso y típico barrio de Marchalenes.

Texto de Juan B. Viñals

Bibliografía.
.Juan Miquel de San Vicente.”Memoria sobre la Plaza de Toros de Valencia”.-1861.
.Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes huerta y marjales (…)”2000.

domingo, 19 de abril de 2015

BLASCO IBAÑEZ, REBELDE

1933 llegada resto blasco ibañez 
Fuente: Biblioteca Valenciana

El 29 de octubre de 1933 los restos de Vicente Blasco Ibáñez llegaron por mar a Valencia desde Menton, donde había pasado los últimos años de su vida. La figura universal que desde sus juveniles años, los de las protestas callejeras por su afán rebelde, habían forjado su carácter revolucionario, sin embargo, y tras su éxito literario, había mutado hacia el aburguesamiento, puesto en evidencia en su vuelta al mundo donde en el Lejano Oriente fue llevado en parihuelas. Cinco años después de su muerte llegaba su cuerpo a la última morada, ya en tiempos republicanos cuyo régimen añoraba.

Desde el puerto y a hombros del pueblo fue recibido en clamor de multitud.

Vemos en la foto el gran recibimiento, documentado en numerosas fotos a lo largo del trayecto, y al mismo tiempo y en su utilidad, observamos un grupo de casas en la margen izquierda del río.

El cortejo fúnebre había cruzado el río a través de un nuevo puente (el de Aragón inaugurado en el mismo año) y avanza por el llano del Remedio hacia la calle Colón en su destino a la Lonja de la Seda. La concurrencia se agrupa en masa y eleva su extensión por el puente del Mar (que se había convertido en peatonal y por su elevación, útil tribuna) en el que se iban a instalar unos escalones de piedra diseñados por Francisco J. Goerlich, en un proyecto integral que incidía en ambos márgenes del Turia.

En su consecuencia, el conjunto de casas, desaparecerían por la ampliación de la Alameda. Con ello, se cumplía uno de los deseos del provocador Blasco Ibáñez quien en 1901 y entre otras demandas urbanas del mismo corte, decía en su periódico “El Pueblo”:

“Hay que derribar casas para abrir nuevas vías.” 

De haber pensado en ello la autoridad municipal, la comitiva hubiese dirigido el rumbo por la calle de la Paz. 

sábado, 18 de abril de 2015

EL PALACIO DEL TEMPLE

 1870 Palacio del Temple
1870 – Foto de J. Laurent

La Orden del Temple fue abolida por el papa Clemente V a principio del siglo XIV, pero un terremoto, más de cuatro siglos después, destruyó el castillo de la Orden de Montesa que se había construido en el lugar que daría nombre al pueblo, y como sede principal de una orden religiosa creada por Jaime II en reemplazo de los caballeros templarios.

Por iniciativa de Fernando VI se eligió la ciudad de Valencia para construir un edificio que albergaría la orden, pero con el nombre del Temple, como recuerdo de los antiguos cruzados por la relación fundacional que tuvieron con la orden de Montesa, fábrica que no se llevaría a cabo hasta el reinado de Carlos III, completando el conjunto el Convento de la Orden e Iglesia, con su terminación en 1785.

Desde la desamortización de Mendizábal el Convento del Temple ha sido utilizado con distintos fines, siempre al servicio de la administración, tanto estatal como provincial, mientras que en la Iglesia se reanudó la dedicación al culto.

En la actualidad y como Palacio del Temple, ocupa la sede en sus funciones de Delegación del Gobierno.

viernes, 17 de abril de 2015

LA PALMERA DE LA PLAZA MIRASOL


Años 40 - Situada en una retícula de estrechas  callejuelas, la plaza Mirasol fue derribada para la apertura de la calle Poeta Querol. Como importante centro docente, el colegio de los Maristas focalizaba la atención en la plaza mediante la entrada y salida de sus alumnos, lugar en el que existía una palmera, único residuo que permanece en la ciudad de aquel pequeño y entrañable rincón.


Y lo fue gracias a la feliz idea de su traslado a la Alameda, en el inicio de la avenida de Aragón a la izquierda, tras los derribos en la zona, donde en la actualidad se puede contemplar alta y esbelta. De este modo se logra mantener parte de una Valencia de nostálgico recuerdo, al menos, para los alumnos de aquellos años.

Y en su observancia y de repente, al caminante y antiguo marista, la desaparecida plaza Mirasol le aparece a sus pies.

jueves, 16 de abril de 2015

LA CALLE DE PASCUAL Y GENÍS

 1930 pascual y genis
Archivo de Rafael Solaz

“La morera” tuvo su crédito y dio nombre a un barrio cuyo trazado urbano en sus más importantes calles sigue siendo el mismo. Su origen estuvo en una acequia, la del Valladar y su final era zona de huertos ante la muralla cristiana. En un principio, la casa gremial de quienes practicaban el oficio del corte y la aguja, allí ubicada, daría nombre a la calle que recibió el de Cofradía de los Sastres. Era en el seiscientos.
COFRADIA SASTRES

Tuvieron que pasar tres siglos, a finales del XIX en homenaje al valenciano y jurisconsulto Pascual y Genís (que por su celebridad ostentó números cargos tanto en la justicia como en la política) quien con su nombre se rotularía nuestra calle.

Tras el derribo del barrio de Pescadores surgen nuevos edificios. De tal guisa, el chaflán con Barcas, donde en el Royalti los naranjeros con blusón negro iban a reflejar la prosperidad de la huerta valenciana merced a su dorado fruto rumbo a la exportación, entre aroma de café y apretón de manos.

El estilo modernista propio de la época impregna suntuosidad a una calle de por si elegante, con acreditados comercios, en la que el Colegio Notarial da fe con su rica fachada, vecino al lugar donde había establecido su laboratorio el Dr. Ferrán, una antigua casa en la que entre matraces, tubos y probetas había investigado la solución al cólera de 1865.

La imagen nos indica actividad, negocio. Coches y gente se desplazan de Barcas a Colón, como muchos años ha, de “la morera” a la ronda entonces amurallada.

miércoles, 15 de abril de 2015

LOS BAÑOS DEL ALMIRANTE

baños almirante
Foto de V. Barberá Masip (1871-1935)

Reciben el nombre de Almirante de la figura institucional creada por Jaime I para estar al frente de las fuerzas navales de la Corona de Aragón. Y es a principio del siglo XIV cuando el rey Jaime II concede unos terrenos a Pere de Vilarrasa para que construya unos baños, según se cree para el servicio de sus hombres que construían su palacio muy próximo. Se decidió por el estilo mudéjar y a semejanza de los existentes en época musulmana, sin descartarse su existencia en aquellos años. ¿Árabe o cristiano?

Su importancia viene dada porque es un punto de encuentro entre la cultura de aquellos años, cuando la costumbre árabe en su afición a los baños imperaba en la ciudad. Y de alguna forma aquellos hábitos llegan a nuestros días  a través de  sus estancias abovedas que dan cobijo a las diferentes salas de temperaturas frías, templadas y calientes donde el vapor aviva nuestra imaginación y en su viaje nos traslada la Valencia mora.

Desde su origen y durante más de seis siglos actuaron como baños, hasta 1959 que se convirtió en un gimnasio de explotación privada que motivó la adecuación de su interior con importantes modificaciones. Al pasar a propiedad de la Generalitat en los años ochenta, los Baños del Almirante fueron rehabilitados para que adquiriesen su mayor rigor cultural, como testimonio de su histórico pasado.

martes, 14 de abril de 2015

JOSÉ ITURBI, UN GENIO DE LA XEREA


1915 jose iturbi Fuente – Biblioteca Valenciana (1915)

Si en las letras y en Vicente Blasco Ibáñez, Valencia tuvo su figura universal con el triunfo de sus novelas llevadas al cine americano, en José Iturbi y con su piano, la representación de la ciudad del Turia tuvo su continuidad en el mundo del celuloide. En esta ocasión en el terreno musical con sus míticas películas con la Metro Golden Mayer junto a las estrellas de Hollywood en una extensa filmografía en la década de los cuarenta.

Desde el barrio de la Xerea y en su más tierna infancia había mostrado sus aptitudes con el piano y con catorce años culminó sus estudios en el conservatorio de Valencia. Tras una estancia en el de Barcelona, consiguió una beca en Paris. Tenía entonces dieciséis años y hasta su traslado a los EEUU, alternó su estancia en Suiza donde organizaba sus conciertos por Europa. En 1929 cruzó el charco para alcanzar una gran popularidad que se vio ratificada en Mexico, donde se ganó gran fama. Director de orquesta en Nueva York, su vida musical se convirtió en una constante gira por el continente americano en plena efervescencia de éxitos. 

La MTM le abrió las puertas del cine y en los años cincuenta regresó a Valencia al mando de la Orquesta Municipal con exitosos conciertos en ciudades europeas en beneficio de los damnificados por la riada de 1957. De echo fue la primera orquesta española que llenó auditorios extranjeros.

La afición musical en la región valenciana y su contribución a la música, ha tenido su mejor exponente en José Iturbi quien tras fijar su residencia en los EEUU no olvidó a su patria chica, a la que tras haber logrado el estrellato como pianista de primer orden, quiso mostrar su amor a la “terreta” como lo había hecho siempre, acariciando las teclas de un piano que desde muy corta edad, a los tres años, ya las convertía en melodía.

lunes, 13 de abril de 2015

LA BASÍLICA DE SAN VICENTE FERRER

1931 colegio san vicente_ calle cirilo amoros
Archivo de Rafael Solaz

1931 - La Iglesia de San Vicente Ferrer se construyó en el primer ensanche de la ciudad, cuando su proyecto ya estaba avanzado. Necesitados la antigua orden de los predicadores de un lugar para su alojamiento tras la desamortización del siglo XIX, no sería hasta avanzado el siglo XX cuando el nuevo centro dominico y en lenta obra, completara su construcción que sería inaugurado en 1924.

Lugar dominico y Basílica de San Vicente Ferrer se iba a convertir en el más suntuoso templo del Ensanche, con su entrada principal a la calle Cirilo Amorós (con anterioridad del Puerto) que comunicaba en línea recta la calle Ruzafa con la plaza América, y por ello columna vertebral  de una nueva zona de gran actividad comercial.

La imagen nos muestra una calle aún no muy transitada, fruto del proyecto de ensanche de 1884, con la basílica en recuerdo de nuestro santo, que junto a su casa natalicia y el antiguo Convento de Santo Domingo, hoy Cuartel General de la Fuerza de Maniobra, se convierten en lugares vicentinos para celebrar la festividad del día en recuerdo y homenaje al patrón del viejo Reino de Valencia.

domingo, 12 de abril de 2015

JULIO DERREY, FOTOGRAFO DE PRESTIGIO

1898 JULIO DERREY, FOTOGRAFO DE PRESTIGIO1898 - Archivo de Rafael Solaz 

Con el sistema del daguerrotipo la fotografía tuvo su implantación mundial pasado el primer tercio del siglo XIX. El nuevo invento llegó a Valencia, y a mitad del siglo existían en la ciudad un buen número de fotógrafos que ubicaban sus estudios en los pisos alos, buscando la luz.

Años después, en las décadas de los setenta y ochenta y ya con prestigiosos establecimientos de fotografía, se iban a significar como la “Edad de Oro del retrato profesional".

La falta de medios para disponer de una máquina de fotos, sólo posible en las familias adineradas, hizo que los “estudios fotográficos" continuaran in crescendo.

Fue el caso de Julio Derrey quien llegó a Valencia mediados los ochenta y se estableció en la Bajada de San Francisco como el “primer fotógrafo de Valencia”, según rotulaba en su fachada.

Julio Derrey emigró a Francia y de su gabinete se hizo cargo Francisco Gimeno Gil. Tras la reforma de la plaza Castelar, el estudio se trasladó a la avenida Amalio Gimeno, después rotulada Marques de Sotelo, en su chaflán con la calle Convento Santa Clara, donde se continuó fotografiando a la familia valenciana hasta los años 60/70.

sábado, 11 de abril de 2015

EL INSTITUTO LUIS VIVES

años 70 Instituto luis vives

Al amparo de la Ley Pidal de 1845 nacen en España los Institutos Provinciales que iba a significar para el antiguo Colegio de San Pablo una nueva trayectoria, a la sazón de gran importancia para la Enseñanza Media que ya en el siglo XX tomaría como nombre el del humanista valenciano Luis Vives.

El Colegio de la Compañía de Jesús y al servicio de la Orden para la formación de los novicios, había sido fundado en 1559 sobre unos huertos y casas junto a la muralla, por su promotor el canónigo Jerónimo Doménech y auspiciado con la ayuda del Arzobispo de Valencia Tomas de Villanueva. Mediado el siglo XVII, el Colegio cohabitó en la zona con una nueva institución, el Seminario de Nobles para la formación intelectual y espiritual de la juventud, bajo la supervisión de los jesuitas. Con su expulsión de España en 1767 tras el “motín de Esquilache”, mantuvo su docencia, pero con el nombre de Real Seminario de Nobles hasta el regreso de la Orden con la vuelta al trono de Fernando VII.

La desamortización de 1835 suprimió nuevamente la orden jesuita y la actividad del centro, que se reanudaría en 1838 con el nombre de Real Colegio de San Pablo por decisión de la Regenta María Cristina y acuerdo municipal.

Con la implantación del nuevo sistema de estudios de 1845 inició su andadura como Instituto Provincial, pero en un principio tomando como sede la  Universidad Literaria con su traslado en 1869 por decisión de la Junta Revolucionaria al antiguo Colegio de San Pablo, adecuando su instalaciones mientras que el Real Seminario de Nobles pasaría a ser Colegio de Internos del Instituto.

El edificio que había tenido importantes modificaciones en 1786, y ya como instituto en 1872, finalmente, tras su cierre durante el periodo 1972-1978, tomó su actual aspecto.

Colegio jesuita e Instituto Público dedicado, de uno u otro modo, a la formación de la juventud durante cinco siglos.

Fuente: “Monografía Histórica del IEMLV de Valencia” de J.L.Corbín.

viernes, 10 de abril de 2015

LA PLAZA DE LA REINA

I.12 Reina.2 enero 1931 semáforo y vías AHM Fuente – Archivo Municipal

Tras el derribo del Convento de Santa Tecla y la puesta en marcha de la calle de la Paz, surge un nuevo espacio urbano llamado a concentrar durante medio siglo la vida comercial de la ciudad junto a la plaza de Santa Catalina, que por su menor dimensión y como punto de paso al mercado, había sido el epicentro de la Valencia decimonónica. Placita que por el incesante trasiego humano en la zona, el esponjar sus calles se había convertido en el principal anhelo del consistorio.

Surge pues la plaza de la Reina, así bautizada en 1878 como homenaje a la esposa de Alfonso XII y se convierte en el punto de encuentro de calles de principal importancia: San Vicente, Paz y Mar, donde se ubicarían nuevos establecimientos comerciales que iban a significar un nuevo hábito de compra en la familia valenciana.

En ella se instalan los almacenes de La Isla de Cuba, Máquinas Singer, el Bazar Quirúrgico, la  Joyería Martínez, el Precio Único, Bovi Peluquero, La Perla del Turia, tiendas a las que entre otras, tal y como se observa en la foto hacia 1910, acudía su fiel clientela; el Café El Siglo en la esquina de la calle Paz era punto obligado, entre agua y azucarillos.

Se iniciaba la motorización y son escasos los coches sobre una calzada donde los carros se resisten a abandonar. Existirían durante bastantes años. 

Tendrían que pasar más de sesenta para que una nueva y amplia plaza de la Reina dejara en el olvido la del Micalet a pies de su torre. 

Y de aquella plaza de Santa Catalina apenas queda la taza caliente de chocolate, aunque el bullicio de la gente siga intacto.

jueves, 9 de abril de 2015

BAÑOS EN LA CIUDAD

 1895 baños del almirante
1895 -  Si siempre se ha dicho que Valencia vivía de espaldas al mar, quizá ello justificaba la existencia de baños en la ciudad, abundando en que el periodo de su apertura al público fuera en la mayoría de ellos de mayo a septiembre, aunque llegado el invierno y previa petición anticipada, algunos abrían sus puertas. 

Tendría que llegar la última década del XIX para que instado desde diversos sectores, a los que no sería ajeno Vicente Blasco Ibáñez, el deseo de unir Valencia al mar se viera reflejado en proyectos. 

El tranvía de atracción animal que funcionaba desde 1876 al Cabanyal era insuficiente y más que acercar, distanciaba. El balneario de Las Arenas, inaugurado en 1888, estaba llamado a que las distancias fueran más cortas, más ilusionantes.

Mientras tanto, fueron varios los baños que procuraban instantes de placer, y en la calle Carniceros, los baños de Espinosa, daban servicio a la zona. En las calles de Falcons y San Miguel los de San Rafael, y en la de Tránsits, los de Diana, mientras que a la calle del Almirante acudían los más adinerados. Pero los de mayor uso eran los del Hospital General que también prestaba un servicio gratuito para los más necesitados. Baños que se mantuvieron hasta los años cincuenta del siglo XX.

En la foto de 1895, vemos el aspecto que ofrecía el tejado de los Baños del Almirante bajo el que se esconde su estilo mudéjar con dilatada existencia desde época musulmana, aunque su construcción se documenta que fuera tras la Reconquista.

Fuente: Valencia en la Revolución (1834-1843) de Ivana Frasquet

miércoles, 8 de abril de 2015

EL CLUB DE TENIS VALENCIA

club de tenis Fuente: Club de Tenis

Con la llegada del siglo hábitos de nuevo cuño iban a implicarse en la sociedad valenciana. Es el caso en el terreno de la actividad deportiva, en el que entre otros, la práctica del tenis y gracias a su principal impulsor Alfredo Faulconbridge, quien por su aficion significó la semilla de un club llamado a participar en la práctica del tenis con gran éxito.

El Huerto del Altísimo, próximo a la Alameda, fue utilizado por el británico para celebrar las primeras partidas de tenis con la fundación del Sporting Club, antecesor del actual Club de Tenis Valencia, que había tomado su actual nombre tras la guerra civil. A partir de 1932 y en su primer traslado, ocupó unos terrenos junto al Campo de Mestalla que había sido inaugurado en la década anterior, para en 1959 ocupar de forma definitiva su sede en la calle Botánico Cabanilles, frente a los Jardines del Real, en unas obras iniciadas en 1957 que había sufrido el azote de la riada.

Pronto se pondría en marcha, tras la muerte del fundador y en su homenaje, el Torneo Faulcobridge, que después sería internacional y que desde el año 1933 y hasta el 2002 se ha venido celebrando con la participación de los más afamados tenistas de cada momento, siendo, por otra parte, sus instalaciones sede de cuatro eliminatorias de la Copa Davis.

La foto hacia 1965 nos muestra la expectación del momento con las instalaciones de la Hípica al lado. Las calle Jaca en primer término y la Avda. Primado Reig al fondo, limitan la sede que cuenta con un esmerado servicio de restaurante, donde los aficionados al tenis continúan con su ejercicio que un día propició su fundador británico, afincado en Valencia.

martes, 7 de abril de 2015

LA FÁBRICA DEL GAS

1930 fabrica gas lebon
Archivo de Rafael Solaz

1930 - Con el abandono de las viejas instalaciones de la calle Colón, donde funcionaron desde la implantación del servicio a la ciudad en el año 1844, los depósitos de gas dejaron su impronta entre los caminos Viejo y Hondo del Grao, en una zona que se caracterizó por su utilización industrial que había ido extendiéndose hacia la marginal izquierda del río Turia.

La frondosa arboleda a la izquierda indica el "Camí al Grao" cuyo alrededor iba poblándose dejando en el olvido el sabor huertano que lo envolvía.

La fábrica de gas se muestra al completo con sus diversas estancias, donde el carbón de hulla era la materia prima en un proceso de destilación dirigido a llenar los almacenamientos, aptos para la demanda que la sociedad valenciana exigía.

Depósitos de gas que tanto en el momento de su instalación como al final de su cometido, por dos veces, cambiarían de forma sustancial el aspecto de la zona.

El Gas Lebón, más de un siglo al servicio del alumbrado y del hornillo.

¡Luz y lumbre!

lunes, 6 de abril de 2015

EL CACHIRULO DE PASCUA

1936 dia de pascua Colección Manuel Lozano

1936 – Es imposible entender la fiesta de la Pascua de Resurrección dejando aparte la mona y el cachirulo.
 “El chiquet ploraba perque el cachirulo no se le empinaba”.

Resultaba una proeza utilizar la fuerza del viento para elevar su alegre caricatura, dispuesto a soltar todo el hilo de palomar (previamente encerado) con la ilusión de fijarlo altivo en el cielo, y con ello, para que luciera su cola de trapos en suave mecido. Y tal es su importancia que aún en los actuales día los vemos en lo alto, como indicándonos una fiesta en la que una gran parte de  sus tradiciones, por desgracia, han pasado al olvido.

Artilugios caseros por excelencia se distinguían por sus diferentes formas, siendo la hexagonal y en estrella las que más abundaban. O como el que observamos en la foto con unas tiras de papel que sugerían mayor prestancia y alegría.

Cañas, papel, hilo de palomar y pegamento, más tela para la “cua”, eran los útiles necesarios para su construcción sobre la mesa familiar, que una vez terminado y recogido el hilo torno a una palo, sólo faltaba buscar el adecuado lugar en la huerta y algo de viento para elevarlo. Si el hilo tiraba, la amenaza del “fil trencat” ponía su punto de riesgo en aquellos momentos de distracción.

Y soltada toda la cuerda, convertía a nuestro cachirulo en un pequeño punto que se mecía en el aire. Llegaba el momento de mandarle un telegrama de papel a través de la panza de hilo que se elevaba por la brisa del viento.

Tira y suelta del hilo, que sube, sube.

domingo, 5 de abril de 2015

EL DÍA DE PASCUA

ca 1900 un dia de pascua
“El día de Pascua
pepito plorava
perque el cachirulo
no se li empinava.
La tarara, sí
la tarara, no
la tarara, mare,
¡que la bailo yo!
Ella porta pirri,
ella porta pirri,
ella porta pirri,
porta polissó”.

El esperado día de pascua daba vida a la tradicional costumbre de celebrar la Resurrección con una explosión de alegría que se manifestaba con la merienda en la huerta, o como en la imagen, en el cauce del río. La fiesta se prolongaba por tres días, y en grupo y con la cesta bajo el brazo o saquito de tela, cantimplora y cachirulo a cuesta. No faltaban los juegos de prendas con el objetivo del beso obligado.

Lechuga, longaniza, huevo duro con su diversidad de colores completaban el “menú”, con la tradicional “mona de pascua”.  Y a su aire, el corro trepidante no cesaba hasta que el juego de la “gallineta sega” daba ocasión al roce en busca de la parejita, que no pasaba del "calorcillo" de una mano y algún que otro furtivo beso.

La imagen hacia 1900 sitúa al baile de la tarara como el centro de la fiesta, la tarara sí, la tarara no, mare: 

¡Qué la baile yo!

sábado, 4 de abril de 2015

BLASCO IBAÑEZ Y LA SEMANA SANTA – LA VALENCIA LITERARIA


Blasco y la semana santa
 El más universal novelista de la literatura valenciana, Vicente Blasco Ibáñez, nos dejó en dos de sus obras su visión de la celebración de la Semana Santa. En su famosa, y cinematográfica obra, Sangre y Arena (1908) y también en Flor de Mayo (1895), recoge escenas populares y costumbristas de la festividad de la Semana Santa. En Sangre y Arena, la historia relatada por el autor valenciano se centra en la ciudad de Sevilla, haciendo referencia a los actos de la Semana Santa propia de esa ciudad, pero en Flor de Mayo, centra la trama en el barrio del Cabañal (aunque parece evidente que esta haciendo referencia también al Canyamelar). En esta novela dedica un capítulo completo a describir la celebración del Santo Encuentro durante el Viernes Santo, en la famosa Semana Santa Marinera.


Nos cuenta con todo detalle el Encuentro, el cual se sigue celebrando en nuestros días:


“Comenzaba la ceremonia del encuentro. Marchaban por distintas calles dos procesiones; en la una la Virgen, dolorosa y afligida, escoltada por la guardia de sepulcrales granaderos, y en la otra Jesús, desmelenado y sudoroso, con la túnica morada hueca y cargada de oro, abrumado bajo el peso de la cruz, caído sobre los peñascos de corcho pintado que cubrían la peana, sudando sangre por todos los poros


[…]
Avanzaban en opuesta dirección las dos procesiones, moderando su paso, deteniéndose, calculando la distancia para llegar á la vez al lugar del encuentro.


[…]
Llegó el instante del encuentro. Cesaron los tambores en sus destemplados redobles; apagaron las trompetas sus lamentables alaridos; callaron las fúnebres músicas; quedáronse las dos imágenes inmóviles frente á frente…”


Hay que tener en cuenta que Blasco Ibáñez, defensor de la República, defendía las ideas anticlericales, si bien como escritor costumbrista, amante de su tierra, siempre nos relata con pasión las fiestas populares, aunque sin poder evitar cierto sarcasmo cuando nos habla de la actitud del pueblo ante estas manifestaciones religiosas:


“Entre los espectadores veíanse caras pálidas y ojerosas, bocas sonrientes, gente alegre que, después de una noche tormentosa, había venido desde Valencia para reírse un poco… ¡A burlarse de una fiesta tan antigua como el mismo Cabañal…! ¡Señor! De Valencia habían de ser para atreverse a tanto”.


Texto de Mauro Guillen

viernes, 3 de abril de 2015

LA SEMANA SANTA MARINERA

años 60 semana santa marinera
Colección Paco Mañez


Años 60 - Recordar la Semana Santa Marinera de mi niñez es retornar a olores y sabores nunca olvidados, a imágenes y sonidos imposibles de borrar de la memoria. De aquellos días destaca para mí la noche del Jueves Santo.

Recién bañados, bien peinados y con la ropa nueva nos encaminábamos a casa de mis abuelos Víctor y María junto al cine Imperial, o a la de mis tíos Paco y Neleta. Se reunía toda la familia y amigos, era una ocasión especial que no volvería a darse hasta el año siguiente.

Tras repartir besos, recibir caricias, escuchar varias veces "cuánto has crecido" y demás frases similares, corría con mi hermano a la cocina. En el banco se encontraba un auténtico banquete típico de las fechas: Titaina (sofrito hecho con tomate, pimiento rojo asado, piñones, ajo y tonyina de sorra), pastel de pescado, empanadillas de atún, cocas con sardinas, albóndigas de bacalao (con su correspondiente all i oli y habas fritas a elegir), y diferentes viandas. Hoy sólo con pensar en ellas siento sus sabores en mi paladar.

Como cada vecino hacía en su tramo, en la acera se encontraban preparadas las sillas en dos filas ocupando justo el largo de la fachada. La primera era para los niños, la segunda para las mujeres y personas mayores. De momento estaban vacías y todo el mundo andaba por allí hablando de sus cosas. Las mujeres reñían a quien osase adentrarse en la cocina antes del momento de la cena, su esfuerzo de muchas horas o incluso días le había costado para que todo estuviera en su punto y perfecto. Los pequeños teníamos un aperitivo, trenzas hechas con la pasta sobrante de las empanadillas o nos dejaban robar alguna albóndiga.

Ajenos a conversaciones animadas y risas, jugábamos con primos y sobrinos (aunque tener un sobrino de mi misma edad era entonces para mí un misterio insondable). De pronto alguien hacía correr la voz avisando: la procesión no tardaría en llegar. Raudos como centellas nos sentábamos en primera fila con nuestra cena. Aquel "no tardaría", se transformaba en un largo y tedioso rato, porque en aquel entonces media hora, por ejemplo, era un tiempo enorme.

Ya aburrido y medio dormido escuchaba a lo lejos las cornetas y tambores. El momento se acercaba. Comenzaba entonces el desfile de colores y sonidos: sayones regios y misteriosos vestas encapuchados (penitentes), ensordecedoras cornetas, romanos y diversos personajes de la Biblia, redoblaban los tambores y poderosos brazos golpeaban los bombos. Casi era una desilusión cuando desfilaba una banda tocando alguna marcha de Semana Santa. De pronto alguien se arrancaba una Saeta. El sueño se pasaba y si hacía frío se combatía con una manta en las piernas; porque entonces, no lo olvidemos, todos los niños llevábamos pantalón corto.

Bajo la perspectiva de un niño así transcurría hace medio siglo El Entierro, como simplemente lo llamábamos. Se trataba de un acontecimiento único no superado ni por la Navidad donde la reunión era de la familia más intima.

Texto y foto de Paco Mañez

jueves, 2 de abril de 2015

LA CASA DE LA BENEFICENCIA

1927 casa de la beneficiencia

1927 - Tras la guerra de la Independencia la ciudad sufría el gran número de pordioseros, mendigos y prostitutas que vagabundeaban sus calles, en las que no era casual los casos de delincuencia.

Tras la desamortización de Mendizábal, el gobierno liberal se marcó el objetivo de corregir esta situación, creando los centros adecuados que acogieran la marginalidad social imperante, en el que la Diputación Provincial iba a tener un gran protagonismo. Ya existía la Casa de la Misericordia que acogía a la gente humilde y necesitada de cobijo, entre otros establecimientos.

En el antiguo Convento de la Corona de 1520, empezó sus funciones la Casa de la Beneficencia en 1841 (y que por sus muchas atenciones tuvo que ampliar su edificación en 1873) prestando especial cuidado a las mujeres y hombres que buscaban el sustento por las calles, centro donde se les iba a asignar tareas para mejorar su formación. Mientras tantos, existía la demanda social para que los pordioseros inmigrantes fueran expulsados de la ciudad. En su proyecto de mejora, en 1883 se construyó en su interior una bella iglesia de estilo neobizantino, según proyecto de Joaquín María Belda.

La Cárcel de San Narciso y las torres de Quart y Serranos recibían a los incumplidores de la ley, al igual que el nuevo presidio de San Agustín.

La Casa de la Beneficencia se empleó en estos cometidos en diferentes grados, siendo el de la docencia al que se ocupó hasta los años ochenta del pasado siglo, para convertirse finalmente en un centro museístico de primer orden, al servicio de la historiografía valenciana bajo la batuta de la Diputación Provincial, a cuyo amparo ha estado desde su inicio.

miércoles, 1 de abril de 2015

NIEVA EN VELLUTERS

triador y camaron

Colección Alberto Alós


1960 - Nuestro personaje disfruta ante la nevada que de forma inusual blanquea las calles. Alza los brazos en su deleite, como dándole la bienvenida. Es principio de enero y aquello de año de nieve, año de bienes se le antoja una feliz premonición.

El solar, producido tras el derribo del Colegio de Sordomudos y en la actualidad lugar donde está ubicado un grupo de viviendas con superficie ajardinada y cercada por verja de hierro, situado entre las calles Triador y Camarón se convierte en aquel momento en un bello jardín de blanco manto, donde jamás nuestro hombre había gozado de tan semejante placer, viendo cómo los copos se posan sobre su rostro a los que se expresa con besos de bienvenida.

A través de la calle Camarón se divisa al fondo la de Guillem de Castro, y en las plantas bajas de la de Triador se observa la peculiaridad del barrio de Velluters,  con sus casas y ventanas abigarradas, entre rejas y ecos de familias.
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