jueves, 12 de enero de 2017

MIS RECUERDOS DE BENIMAR – II


1954 - Los domingos era cuando íbamos mucha más gente, sobre todo familias para pasar el día, y en primera línea, cerca del mar, estaban puestos muchos toldos y sombrillas con mesas y sillas para comer allí, y también hamacas. Esto era para alquilar. Nosotros nunca los utilizamos.

Además de esos toldos  individuales, había también, al lado, un sombraje muy grande, de cañizo o algo así, para protegerse del sol, y muchísimas mesas y sillas plegables que montábamos al llegar, para comer allí, y poder estar todo el tiempo que se quisiera a la sombra. Esto era gratis, y allí es donde los domingos íbamos con mis padres.

Todos los días, entre semana, iba con mis hermanos mayores, pero eso casi siempre, era solo por la mañana. En la parte de las chicas, había una pasarela, de madera, que empezaba en la arena y entraba en el mar. En la parte de chicos también había otra. Era como de un metro de ancho y bastante larga. Al final tenía unos escalones para poder entrar al mar si se quería, sin tocar la arena.

También nos gustaba a veces sentarnos allí simplemente para meter los pies en el agua y estar en contacto con el mar esperando pacientemente que pasara el tiempo de hacer la digestión para podernos bañar, que en aquellos años se decía que tenía que ser por lo menos 2 horas y media o 3.

También había un personaje muy importante, el barquero, se llamaba Simarro.

Siempre estaba allí, en su barca, una pequeña barca de remos, y un gran sombrero de paja para protegerse del sol, a pocos metros de donde se dejaba de hacer pié, vigilando por si alguien tenía algún problema. Nos gustaba llegar nadando a donde él estaba, simplemente para pasar un rato allí, cogidas al borde de la barca descansando y hablando con él de cualquier cosa, porque era muy simpático, y también si queríamos nos daba agua para beber.

Todos los domingos por la mañana había un Concurso de Arte en la arena. Podían participar todos los que quisieran. Hacían auténticas preciosidades sobre la arena seca, dibujos, castillos o cualquier otra cosa en relieve. Luego pasaba un Jurado y adjudicaba los premios, que comunicaban por el altavoz.

En octubre de 1954 ocurrió algo también muy impactante para todos nosotros.



Vino a hacer entrega de las Copas que se habían ganado en distintas competiciones celebradas ese verano, natación, patines de agua, frontón, pin pon, baloncesto, y no recuerdo si algo más, nada menos que Don Francisco Franco, acompañado de muchas personas. Por supuesto vino también el Señor Arzobispo, D. Marcelino.

Las tardes de los domingos eran muy entretenidas. Siempre había algún espectáculo, casi siempre teatro, y a veces zarzuela. Venían compañías, supongo que de aficionados, pero lo hacían muy bien, la mayoría de las veces obras de humor.

Estas representaciones las hacían en una explanada muy grande que había detrás del edificio de las chicas y allí no había nada. Todos los días se podía jugar o hacer cualquier cosa, pero los domingos por la tarde estaba destinado al teatro.

Arrimadas al edificio había muchísimas sillas amontonadas una encima de otra y lo que teníamos que hacer era cogerlas y colocarlas delante del escenario que ya estaba montado, y les poníamos cintas, cinturones o lo que fuera para que se supiera que era nuestro sitio reservado. Cuanto antes fuéramos mejor sitio cogíamos, pero nunca faltaban ni sillas ni sitio, porque el espacio era muy grande.

Por supuesto esto era todo sin pagar nada.

Antes de empezar la Obra de esa tarde, salía un señor, el señor Giner, (no recuerdo su nombre de pila), al escenario, para saludar y hacer, poniendo mucha emoción, la presentación de la Obra que iban a representar y de la Compañía que la haría. Siempre terminaba diciendo:


! Qué bien se pasa en Benimar !

Texto de Mª Amparo Lleó Morilla

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