jueves, 7 de julio de 2016

EL ALUMBRADO ELÉCTRICO



Desde finales del XVIII era el aceite y a su cargo el que alumbraba hasta la medianoche las calles de las familias pudientes, pero como seña de modernidad fue el gas de hulla el que desde 1844 iluminara la ciudad, aún amuralladas, de la mano del alcalde que años más tarde sería ennoblecido como Marqués de Campo. Avanzó el siglo y fue en 1882 cuando el alumbrado eléctrico, de la mano de la Sociedad Española de Electricidad, empezó a dar vida en la noche valenciana que pasaba a ser de esta forma la tercera ciudad española con el servicio, después de Madrid y Barcelona que había sido la primera. En aquel año, el público supo del nuevo avance tecnológico desde los escaparates de la popular Casa Conejos de la calle San Vicente.

Muy poco tiempo después y en enero de 1883 se crea la Sociedad Valenciana de Electricidad con el primer punto de luz en la plaza de la Constitución, siendo la fundición Vulcano, situada en el Llano de la Zaidia, una de las primeras fabricas en disfrutar del nuevo servicio. Con el comienzo del nuevo siglo, se crearon varias empresas eléctricas encargadas de un alumbrado que se iba a extender por la ciudad, en competencia con el del gas que se mantuvo por unos años. En 1906 el alumbrado público llegó a la Alameda, extendiéndose al mismo tiempo hasta el Grao. Y con  la Exposición Regional de 1909, este servicio se generalizó por la ciudad.

El 27 de marzo de 1906, el diario El Pueblo se hacía eco de que "hace ya dos noches que funcionan las lámparas de arco voltaico instaladas a ambos lados del antiguo jardinillo de la plaza Emilio Castelar, y además en el nuevo parque de lo que fueron solares de San Francisco y en la calle Pi y Margall (antes Ruzafa)".

El redactor entraba en detalles al informar de la provisional disposición de los postes, toda vez dentro de poco tiempo serían sustituidos por farolas de hierro de nueve metros de altura que "sostendrán arriba la lámpara eléctrica y más abajo brazos con farolas de gas que quedarán encendidas cuando se apaguen las otras". Columnas que, como otros candelabros de cinco brazos, se instalarían en diversos puntos de la ciudad, tanto en cuanto fuesen entregadas por la fundición contratada.

La foto del Jardín de San Francisco, nos ilustra de una farola aún de gas, que durante unos cuantos años compitieron en el servicio del alumbrado eléctrico.


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