sábado, 2 de noviembre de 2013

ESCOLAPIO, ¡VIEJO CASERÓN!


Escolapio_viejo caserón 1955

1955 - Solitaria mañana de un día cualquiera, la calle de Carniceros ante mis ojos, quiero entrar en el túnel del tiempo y verlo todo en blanco y negro, como en las viejas películas. 

Avanzo por la recta calle y en la calle de Villena me detengo, una anciana de negras prendas, catre en ristre y titubeantes pasos, se adentra en la Iglesia. Empieza la visión, deseo oír y ver, si puede ser en escorzo, al ¡Viejo caserón!, como veía el gran John Ford a su Séptimo de Caballería; ya pasé por la papelería y el horno, la droguería y la pastelería, y el cine, y algunas carnicerías que daban nombre a la calle y la “paraeta”, y… ¡Ya te veo caserón, ya te oigo! 

Circulan los niños por la calle, abrigados con gruesos gabanes y peludas bufandas, algunos con blanquecinos comandos y pantalones bombachos, estos los más mayores, llenas hasta los topes las carteras de cuero con asa y metálicos cierres, y en la otra mano, enrollado en hoja de papel de un engrasado periódico, el almuerzo; casi adivino cada uno de ellos, habas con longaniza, tal vez una tortilla a la francesa o de patatas, o unas lonchas de chorizo, posiblemente sobrante de la cena anterior, ¡Viejo caserón! Ya te veo. 

Larga y alta mole de ventanas. Los niños empiezan a entrar en tu interior; los porteros miran a los niños, y piensan cómo dentro de un rato, su limpio patio y claustro dejará de serlo; dejo atrás tu alargado cine y tú sala de visitas. El Vilatela sale y entra en la Secretaría, siempre con papeles y libretas de notas, el padre Blay, como Rector que es, al fondo, viendo entrar a sus pupilos, con las manos metidas en su ancho y negro cíngulo; sale el padre Cervantes, se va a Escolapias a decir misa; en el ángulo opuesto, Navarro, el eterno monaguillo, preparando y encendiendo los negros carbones para el incensario de la inmediata Misa, la fuente, muda, seca y expectante hasta la hora del recreo. Izado de bandera, el reloj y la campana acompasando el tiempo, como decía el gran Rubén Darío, “que el paso acompasan con ritmos...” ¡Viejo caserón!, en otros tiempos fuiste bodega, poca gente se acuerda ya. Por tu trasera puerta, por la desaparecida calle Colomer, despachabas los tintos que en Godelleta, en tu Masía del Pilar, elaborabas, y de tus propias vides, hasta alguna vaca allí había. 

Se amontonan los pensamientos, no puedo cronológicamente ordenarlos, pero ¡Qué más da! Tiempo de restricciones, te instalaron un viejo y ruidoso motor para producir electricidad. 

Aparece en mi escena el Padre Benlloch, repeinado, con mirada de águila, que lo contempla todo y todo lo controla. Entra por la puerta el bueno de D. Luis y D. Vicente. En un flash, la gente baja y sube ordenada a la diaria misa. Ya se oyen los ruidos de las primeras clases, el murmullo de la ciencia se oye. Oigo y “veo” al Morote explicando cómo trescientos se enfrentaron a miles en las Termópilas, las enredadas guerras Médicas, o cómo la guerra de los Treinta Años no terminaba nunca. El Castaño, con su sonora y clara voz, emitía al aire la larga y cacofónica fórmula de Herón que sonaba a desfile militar. El Amérigo, explicando en su clase de dibujo artístico que estaba prohibido cuadricular el papel, cosa que nadie hacía caso, de otra manera, no había forma de dibujar al David de Miguel Angel. Oigo la fuerte voz del Padre Sala ordenando las palabras de latín y sus Guerras de las Galias, y Catilina, que nunca supimos si era hombre o mujer. El Benlloch, con sus clases de Mineralogía y sus coaxiales planos monoclínicos, que raro suena todo, o explicándonos las partes de un asqueroso gusano. Oigo al pequeño y saltarín Padre Faustino. Al siempre elegante Alabau, con sus demostraciones geométricas de las Hipótesis y las Tesis. ¡Tantas cosas!, ¡tanta música científica! La fina voz de D. Santiago Rodríguez, gran pintor y que fuera director de la escuela de Bellas Artes, con sus retóricas frases, siempre en reflexiva composición. Recuerdo que le preguntaban a un erudito, qué era el saber, y éste contestó: -es aquello que recuerdas, luego de haber olvidado todo lo demás-. 

¡Viejo caserón! Se oyen los sonidos de las letanías provenientes de tu redonda Iglesia. 

En lo alto, tu amplia y alta cúpula de azules tejas, que hace baja tu anexa torre. Suena el armonium de tu Iglesia que el Sr. Canales toca, y en el aire, envueltos todos por el oloroso incienso, suena ese: 

“Al Santo de los niños
al Padre de la infancia
  al que naciendo grande
   para crecer se humilla… 

Sería esto la historia interminable, de un sinfín de recuerdos, ¡Viejo caserón!, pero siempre nos quedará tu “Ad maius pietatis incrementum”. 

Texto - Germán Gómez.


12 comentarios:

Olivia Ardey dijo...

Yo llevo 15 años acudiendo a diario y sigue maravillándome el colegio y cuanto contiene. El otro día observé de cerca el cuadro de Benlliure, con San Vicente predicando el juicio final, y de verdad que deja sin aliento.
Gracias por esta semblanza de quienes lo hemos conocido más tarde.

Julio Cob dijo...

Olivia, gracias a ti por asomarte a este blog y a Germán Gómez por su desinteresada ayuda.
Saludos.

Marcus Winters dijo...

Julio, hoy me he quedado sin palabras. De verdad, no se que decir, se me amontonan cosas como admiración, sorpresa, alegría, nostalgia, pero de la buena, cierta pena porque esto ya no se va a poder repetir nunca, pero sobre todo agradecimiento, a Dios, a San Jose de Calasanz, a los P.P. Escolapios y a ti por publicar esto.

Marcus Winters dijo...

No entiendo porque "esto" ha puesto el nombre de Marcus, el anterior comentario es mio, soy Amparo

Marcus Winters dijo...

Pues sigo sin entenderlo, pero lo intento otra última vez. El comentario de Marcus Winters es mio. Soy Amparo Lleó. No se lo que pensará Marcus, porque no se quien es.
Por mi parte, repito, GRACIAS

Taramá dijo...

He seguido tus palabras y me ha costado volver a la realidad. Me uní a tí en tu recordar. Qué envidia y que placer haberte acompañado. Muchos besos y felicidades a ambos.

Julio Cob dijo...

Muchas gracias Taramá, Germán ha realizado un viaje en el tiempo tan entrañable como encantador.
Besos a tí.

Marcus Winters dijo...

A ver si ahora soy yo

Julio Cob dijo...

Amparo, algo tienes mal en tu cuenta de correo y por eso se direcciona a Marcus Winters.
Saludos

Amparo Lleó dijo...

...

Amparo Lleó dijo...

Parece que el bueno de Marcus me ha arreglado esto

Paco Lluch dijo...

Tantos y tantos años ,cada día allí y en pocos minutos todos los recuerdos han aparecido de golpe. Todos los profesores, D. Jesús Canales, el solfeo en los recreos, el Sr. Morote, el Sr. Vilatela.......tantos y tantos......Gracias por traernos tantos recuerdos y dejarnos disfrutarlos en este blog. Cuanto vivido.....y lo que nos queda aún. Gracias.

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